miércoles, 22 de marzo de 2017

LA GUERRA DEL FRANCÉS


GUERRA DEL FRANCÉS




El 22 de diciembre de 1808 una Real Orden  manda que en todos los pueblos de  fuera del teatro de la guerra se formen los Cuerpos de Milicias de Infantería y Caballería con el objeto de salvaguardar la paz y tranquilidad del reino. Los jornaleros de cuyo trabajo personal dependa la subsistencia familiar están liberados de las armas ; no así los maestros ni los individuos de renta superior a las mil libras. De igual modo, quedan exentos del servicio de las armas los que profesan órdenes sagradas, los menores de diez años y mayores de sesenta. No recibirán estipendio y a su cargo estará la vestimenta, el uniforme y las armas. Un oficial retirado o persona distinguida, honrada y acaudalada con residencia en el pueblo será el jefe de las milicias. Cuando no estaban de servicio, podían ocuparse en sus menesteres habituales, labores agrícolas u oficios. No se puede probar que este ejército popular se enfrentara a los franceses, aunque sí existieron  motivos  para su intervención. Las tropas napoleónicas asediaron a los pueblos costeros de La Marina ; los de tierra adentro no recibieron tal hostilidad, aunque  sin duda los lugareños vieron siempre amenazadas sus vidas. 

La ocupación de Altea por las tropas francesas condujo  a la disolución de la comunidad de frailes del Hospicio. En consecuencia, el 21 de enero de 1812 los franciscanos que cuidaban de la ermita de san Vicente Ferrer, en el Captivador, renunciaron a celebrar en el oratorio los actos litúrgicos ante el temor de perder sus vidas.

Arriesgada -trágica para el francés- fue la aventura que protagonizó un arriero nuciero. Relata Francés Martínez y Martínez, en “Còses de la meua terra”, que el sujeto era un asiduo al mercado de los martes de Altea, donde compraba el pescado que luego vendía en Alcoy ; de regreso cargaba nieve en el puerto de Confrides y la mercaba en Altea. En uno de estos viajes de vuelta fue sorprendido por los franceses que le confiscaron el mulo y a el mísmo, obligándole a cargar trigo para la tropa que se dirigía a Denia. Naturalmente, como no estaba conforme con este proceder esperó la oportunidad para deshacerse del soldado que le vigilaba ;  en las cercanías de les Covetes de Bernat el gabacho subió a la grupa del animal, momento que aprovechó el arriero para asirle de los pies y precipitarlo por el acantilado al mar.

El mísmo escritor alteano cuenta otro incidente igual de dramático : la muerte de dos nucieros,  confundidos por espías,  a manos de los franceses.  En el camino de Rotes hacia la ermita de san Chochím hasta el Calvario, existía una roca de un metro de alta y unos dos de ancha : “es un monument consagrat per la fe y per el patriotisme, monument al més pobre y sencill que´s puga trobar. !Ni una inscripció, ni un signe que le diguen al pasejer que allí periren dos hòmens per la Patria¡…” Los alteanos, el Jueves Santo, rezaban el Vía Crucis en el Calvario y al llegar a dicha peña rezaban “un pare nostre ab una ave maría seguit de un requiscant in paçe” por estos dos patriotas. El autor alteano descubrió en el archivo parroquial de Altea en el libro de defunciones la siguiente anotación : “ En veinte y dos de septiembre del año 1812, fue enterrado en el cementerio de esta Parroquia, Roque Such, moso, hijo de Alejandro y de María Llorens, natural y vecino de La Nucía. Dr. Vicente Monsó P. y José Ferrer, moso, hijo de Joaquín y de Francisca Sais, natural de Polop y vecí de La Nucía. Dr. Vicente Monsó P.” La anotación está escrita en el margen en blanco del libro, lo que demuestra que el cura Monsó no las extendió hasta que los franceses abandonaron Altea y aún así con bastante temor, ya que no menciona la causa de la muerte, al contrario de lo que el cura tenía por costumbre.

mosen isidoro santamaria


MOSÉN ISIDORO SANTAMARIA

La tradición recoge que “als peus d´altar de l´esglesia de Nucia hi ha soterrat un fraret”. Sin hechos probatorios la duda era la opinión más extendida. En 1947, en plena reconstrucción de la iglesia, los obreros Antonio Fuster Fuster, (a) Tonico, y Bernabé Ivorra Ivorra, (a) Sastre, -a quienes el cronista debe la información- al colocar unas baldosas en la capilla de la comunión el suelo cedió bajo sus pies y quedó al descubierto una cavidad. Antonio Fuster se adentró en ella y encontró un cadáver humano momificado. Ambos notificaron al párroco el hallazgo al que el cura no le dio mayor importancia al descubrimiento y mandó tapiar el soterramiento.Escribió el sacerdote Miguel Sellés[1]que “elevado el caserío –de la Nucia- a unas 25 o treinta casas, que aunque se hallaban algo diseminadas, sin formar calles, se encontraban bastante  aproximadas, y siéndoles muy incómodo el haber de pasar a Polop y atravesar el barranco que las divide a oír misa, al menos en los días de precepto, determinaron la erección de una hermita…” y en este estado  “los aldeanos de Nucia acudieron al Prelado de la Diócesis para que les proveyese de un vicario (…) Siendo el primer nombrado el Pbro. D. Isidoro Santamaría habitante en dicho caserío”. Con los años la capacidad de la iglesia quedó muy reducida y en 1754 iniciaron su ampliación. Cuando la fábrica del templo estaba decentemente adelantada el vicario Isidoro Santamaría se hallaba “muy viejo” y para que viese en parte satisfecho su deseo de ver en parte finalizada la obra colocaron el altar mayor de madera, de la primitiva ermita, en el lugar del mayor de la nueva iglesia y remataron la obra. El mosén tuvo la gran alegría de celebrar misa en la nueva iglesia, quedando muy sobrante el edificio para albergar los 62 vecinos de la villa. En este estado a la obra fue paralizada con la muerte del virtuoso mosén Isidoro, acaecida el 1 de enero de 1777.


La capellanía de la Nucia fue establecida en 1715 y su primer presbítero Isidoro Santamaría. En esos años mosén asistía a los polopinos con licencia parochi, (con licencia del párroco), otras veces de teniente cura,(cura auxiliar que ayudaba a ejercer la cura de almas de una parroquia, era usualmente el que hacía de ecónomo al fallecer, enfermar o ausentarse el párroco o sin más nombramiento).




       
A setsedies del mes de maig de mil siscenshuitanta i nou y a les nou de la nit mes y any bategi jo mossén Domingo Vives a Isidoro Asensi fill de Joseph Santamaria y de Francisca Ana Cano Company. Foren padrins Tomas Cortes y María Águeda y Águeda Santamaría doncella.

Pastor Fluixä afirma que “el primer beneficiari de la capellanía va ser mossén Isidoro Santamaría, que era un sacerdot fill de La Nucia, aquest personatge és, en determinats moments, una figura cabdal per al segle XVIII de la Nucia, ya que actua moltes voltes com a representant o enviat de La Nucia en afers delicats, de vegades feia d´home bo, altres de conseller; Amb Isidor Santamaria, La Nucia va tindre un inmillorable valedor que va anar molt més enllà de les funcions que se li va asignar en la constitució de la capellanía”.[2] 
Mosén Isidoro Santamaría podría ser el fraret soterrat en l´esglesia. Las sospechas se confirmaron al localizarun documento que confirmaba la presunción. El escrito está fechado en 1776 y lleva la siguiente anotación en su encabezamiento:

Sobre se le conceda permiso y facultad para establecimiento de Capilla y sepultura para sí y sus Herederos dedicada al Santísimo Cristo colocando en su retablo dicha imagen en la referida Iglesia obligándose a todo lo necesario y hacer anualmente fiesta.
Señor:
Mossèn Isidoro Santamaría Presbítero y Beneficiario de esta Iglesia de la Purísima de esta Villa de la Nucia suplicante puesto a los pies de vuestra ilustrísima con la mayor veneración dice que respecto haberse ya concluido parte de la nueva obra de la iglesia y estar ya para trasladar a Nuestro Amo en ella y no haber capilla dedicada al Santísimo Cristo ni menos Santa Imagen movido el suplicante de su buen celo ofrece de sus propios hacer capilla con todos los adornos e imagen, hacer anualmente su fiesta y cuidar de la misma con la mayor limpieza que se requiere, para cuyo fin hipoteca pieza de tierra capaz para lo dicho. Por lo a Vuestra Muy Ilustre rendidamente suplica se digne conceder la facultad correspondiente con el permiso de abrir sepultura en ella según  los límites se permite para sí y sus herederos que espera el suplicante de la inmensa piedad de Vuestra Muy Ilustre a quien Dios Nuestro Señor dilate su vida infinitosa. Mn. Isidoro Sentamaria, presbítero (letras deshechas, temblorosas y quebradas).[3]

       Cuando el escrito llegó a la Curia Arzobispal de Valencia se abrió una compleja causa burocrática: desde la intervención del Promotor Fiscal de la Causa hasta la conformidad de Fermín Ignacio García Almarza, arzobispo de Valencia, varias jerarquías eclesiásticas fiscalizaron el proceso. La primera disposición mandaba que el edicto se publicara en la parroquia de la iglesia de la Nucia y pasado el tiempo señalado se establecería la providencia oportuna. Era el 10 de noviembre de 1775.
   

  El arzobispo de Valencia revalidó el Memorial de Mosén Isidoro Santamaría y concedió “en dicha capilla el derecho de patronato y sepultura para si y sus herederos[4], y emplazaba en término de diez días contados desde el día de su publicación a todas las personas que tuvieran opción sobre el terreno que se destinare a capilla y sepultura a fin de que loexpusiese ante el Tribunal; pasado dicho término se procedería a lo que tuviera lugar. Para dar cumplimiento a lo mandado José Ivorra, vicario de la iglesia, lo leyó en el púlpito en día de fiesta de precepto al tiempo del ofertorio de la misa mayor; después expusoel escrito en el lugar acostumbrado. Al cabo de más de diez días no compareció ninguna persona a impugnar la pretensión. Por todo ello se concedió el permiso y licencia a mosén Isidoro Santamaría y demás personas, cuya intervención fuera necesaria para otorgar y aceptar, respectivamente,  a favor de dicho mosén y sus sucesores la enunciada capilla y sitio en ella para la sepultura con tal que el mismo y sus sucesores cumplieran en construir el retablo dedicado al Santísimo Cristo, costear los adornos necesarios para el culto, hacer anualmente una fiesta y conservarla siempre en la propia conformidad, hipotecando la pieza de tierra capaz para todo ello, que se otorguen las escrituras públicas con las clausulas adecuadas, con condición que el retablo será de piedra o estuco, no de madera, y que de construirse la sepultura la bóveda ésta sea llana sin sobresalir del suelo. La resolución de la Curia arzobispal está datada el 28 del mes de julio de 1778.


















[1] SELLES LLEDO, Miguel. Historia del origen de la Villa de Nucia y de su Actual Iglesia Escrita Por D. Miguel Sellés en 1868
[2] PASTOR FLUIXÄ, Jaume.Notes per l´història de l´esglesia i de l´educació a La Nucia al segle XVIII.
[3] Archivo metropolitano. Arzobispado de Valencia. Signatura 318/4. Sección I, Fondo XIV, Carpeta 3, Elemento 4
[4]El derecho de patronato consiste en una serie de privilegios que la Iglesia concede a los fundadores de un lugar sagrado y a sus sucesores, estos privilegios son el derecho de presentación, el de preferencia honorífica y en caso de indigencia el de alimentación.